El problema del auténtico contenido y sentido de la ética está hoy, mucho más que en tiempos pasados, rodeado de incertidumbre. Quien ha seguido el movimiento ético de las últimas décadas y no pertenece al grupo de quienes, sin reflexionar, creen sin reparo que lo nuevo de todas las épocas es siempre lo mejor.
La razón instrumental, termino acuñado por los ilustrados franceses, propone que la razón es una herramienta, la más valiosa del hombre, no sólo es capaz de comprender y descubrir sino que es capaz de justificar todo acto humano: la guerra, el homicidio, etc., y más actualmente: la homosexualidad, el aborto, la eutanasia, el pansexualismo, es decir, la razón está al servicio del sujeto y sus apetencias, -no existe la verdad, sino las apetencias del sujeto racionalmente justificadas- en este contexto, todo es posible, empero, quien intente hoy día hablar del problema de la ética a los hombres que ni por vocación ni por convicción se hallan dentro de la temática, notará al punto la ardua dificultad de tal empresa. Probablemente tendrá en seguida la impresión de que su situación ha sido descrita con bastante acierto en la conocida narración parabólica de Kierkegaard sobre el payaso de la aldea en llamas, narración que Harvey Cox ha resumido brevemente en su libro La ciudad secular. El relato cuenta cómo un circo de Dinamarca fue presa de las llamas. El director del circo envió a un payaso, que ya estaba preparado para actuar, a la aldea vecina para pedir auxilio, ya que existía el peligro de que las llamas se extendiesen incluso hasta la aldea, arrastrando a su paso los campos secos y toda la cosecha. El payaso corrió a la aldea y pidió a sus habitantes que fuesen con la mayor urgencia al circo para extinguir el fuego. Pero los aldeanos creyeron que se trataba solamente de un excelente truco ideado para que en gran número asistiesen a la función; aplaudieron y hasta lloraron de risa. Pero al payaso le daban más ganas de llorar que de reír. En vano trataba de persuadirlos y de explicarles que no se trataba ni de un truco ni de una broma, que la cosa había que tomarla en serio y que el circo estaba ardiendo realmente. Sus súplicas no hicieron sino aumentar las carcajadas; creían los aldeanos que había desempeñado su papel de maravilla, hasta que por fin las llamas llegaron a la aldea. La ayuda llegó demasiado tarde, y tanto el circo como la aldea fueron consumidos por las llamas. Con esta narración ilustra Cox la situación de los filósofos modernos que buscan la verdad ética, y ve en el payaso, que no puede conseguir que los hombres escuchen su mensaje, una imagen del que busca proponer una teoría ética a quien no se le toma en serio si viste los atuendos de un payaso de la edad media o de cualquier otra época[1].
[1] Cf. H. U. von Balthasar, Casta meretrix: Sponsa Verbi. Guadarrama, Madrid 1964, 239-240. en: Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo.